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ORGANIZACIONES INTELIGENTES

Las organizaciones inteligentes, están basadas en el conocimiento y diseñadas para aprender a adaptarse a un medio inestable, es una organización creadora que no espera que los acontecimientos la destruyan.

En las antiguas organizaciones ya sean piramidales o estratificadas los individuos no estaban destinados a pensar, los únicos que podía hacerlo eran los que se encontraban en la dirección.

Ahora nos remitiremos al libro de Peter Senge, “La Quinta Disciplina” que nos va a dar un diseño de lo que constituirá una organización inteligente.

En éste tipo de organización las personas van a estar motivadas par seguir aprendiendo.

Para las organizaciones inteligentes, todos los elementos van a estar dados, lo único que falta es pasar de la invención a la innovación, de tal manera que en el S. XXI vamos a decir que todas las organizaciones vana a ser inteligentes y las que no lo son van a desaparecer.

Aquí Peter Senge nos habla de cinco disciplinas (refiriéndose como disciplinas a las distintas ramas científicas).

La primera que va a ser necesaria para formar organizaciones inteligentes.

Pensamiento sistémico: Cuando dentro de la organización todas sus partes se relacionan, todo está concatenado. Esta organización inteligente se va a construir teniendo en cuenta que está dentro de otro sistema.

Modelos mentales: Es una suerte de artefacto que tiene el hombre para poder resolver, enfrentarse, pensar y actuar. Tenemos modelos mentales que favorecen la innovación y modelos mentales que entorpecen y nos llevan al fracaso. Para una organización inteligente es importante fomentar los modelos mentales que favorezcan el desarrollo y la superación de los problemas..

Dominio personal: que no viene a ser otra cosa que el dominio que tiene el individuo sobre su arte, que lo lleva a ser más eficaz y que lo conduce al poder del conocimiento para ampliar sus horizontes.

Misión compartida: Una organización en la que todos tienen una misma misión o un mismo proyecto, es definitivamente una organización inteligente ya que todos vana a trabajar para conseguir un mismo fin.

Trabajo en equipo: Esto es esencial, porque dentro del equipo de personas que empiezan a trabajar en conjunto y a dar soluciones en conjuntos van estableciendo complementaciones adecuadas. Una organización que basa su trabajo en equipo, es la que va a poder desarrollar enormemente las potencialidades de los individuos, no individualmente sino socialmente.

La política inteligente se da por el trabajo de equipo, ya que el aprendizaje se da por la comprensión social, el diálogo, la interacción de sus miembros.

Si llevamos todas estas cinco disciplinas a la práctica, uniéndolas especialmente a nivel de partido político, ésta será una organización inteligente esencialmente horizontal, donde todos compartirán información y donde la participación activa de las personas será fundamental.

En una organización también se pueden presentar barreras, éstas pueden ser:

  1. El puesto soy yo, definirse a nivel del puesto o status.
  2. Buscar enemigos externos, generalmente cuando ocurren errores, intentar buscar a los culpables en los externos, no hay enemigo externo porque todos somos parte del sistema.
  3. Un comportamiento proactivo, sería del que asume la actitud de que él va a ser el único que puede remediar los problemas, el problema de una institución, siempre está en el sistema.
  4. Otra barrera es la fijación en los hechos, es decir juzgar los hechos de acuerdo a la experiencia y no al conocimiento.

October 15, 2008 Posted by edmoli879 | Filosfia Corporativa, liderazgo, temas de consulta | , , , , | No Comments Yet

Dimensiones en el Liderazgo

Por Alejandro Briano 
En la época actual ya no es suficiente el poseer carisma o simpatía para ser líder de un equipo de trabajo, o para dirigir un gran corporativo transnacional, de hecho nunca han sido suficientes estas habilidades  por si solas. En un tiempo se creyó que acompañadas de habilidades como ser organizado, ordenado y sistemático podrían funcionar. Pero, hoy en día, es necesario comprender el liderazgo como una identidad integral de las personas y que cada persona en este equipo, de cierto modo contribuye a la dirección del equipo.
El pensamiento sistémico habla de distintas dimensiones en las que los líderes pueden trabajar para dar equilibrio a su trabajo y ser quien dirige a su equipo de trabajo hacia cada una de las metas trazadas.
Los Líderes necesitan apoyarse, según el momento o la situación, en alguna de las cuatro dimensiones del liderazgo, que son igualmente importantes en el panorama general, tanto en su conjunto como de forma independiente, para realizar las actitudes directivas generales:
La dimensión del  liderazgo efectivo es el que se encarga de dar sentido y valor a lo que se hace en la empresa. Es quien se encarga de establecer y difundir los nuevos valores, principios y creencias en la  empresa. Proyecta seguridad y confianza en si mismo y en su compañía, permitiendo que su equipo de trabajo confíe del mismo modo, tanto en su liderazgo como el de la empresa. Es una persona ética y goza de respeto de personal y profesional pues su equipo lo considera capaz y  proactivo. Es definitivamente el creador de una cultura laboral donde todos se sienten orgullosos de contribuir y a su vez se sienten satisfechos profesionalmente hablando.
La dimensión del liderazgo eficaz mantiene la disposición, el vigor y el ánimo para afrontar las dificultades diarias. Tiene una visión clara de las necesidades de sus clientes y orienta todos sus esfuerzos a satisfacerlos. Conoce también las necesidades de su organización, mantiene relaciones saludables,  una comunicación abierta y franca con su equipo y sus proveedores. Organiza, articula y adecua los planes estratégicos para difundirlos entre sus áreas de influencia.
La dimensión del liderazgo eficiente logra que se haga cada tarea dentro del tiempo y la forma correcta, cumpliendo con las especificaciones de calidad, cantidad, tiempo y costo en cada una de ellas. Establece los sistemas y procedimientos de trabajo, estructurando y manteniendo el funcionamiento de cada proyecto, aprovechando cada uno de los recursos disponibles, con agilidad y claridad de pensamiento. Prevé los posibles errores, fallas y problemas que puedan presentarse, y asigna las soluciones y los medios adecuados para corregir el rumbo. Está al pendiente de las necesidades de sus colaboradores como facilitador del cumplimiento de sus actividades, determinando sus indicadores y sistemas de control.
La dimensión del  liderazgo innovador que para muchos es nuestra favorita, maneja el conocimiento, la experiencia y la sabiduría necesaria para fomentar el desarrollo personal, profesional y organizacional de él mismo y sus colaboradores. Estimula la creatividad a través de la investigación y la experimentación para descubrir nuevas tecnologías  o eficientar procesos.
En conclusión, podemos decir que estas dimensiones del liderazgo integran las cuatro principales directrices de la dirección: La visión, motivación, compromiso y el trabajo en equipo. Lo ideal es reconocer nuestras propias limitaciones y evolucionar en nuestras áreas de desarrollo que siempre existirán en algún punto de nuestro proceso de aprendizaje.DIMENSIONES DEL LIDERAZGOPor Alejandro Briano 
En la época actual ya no es suficiente el poseer carisma o simpatía para ser líder de un equipo de trabajo, o para dirigir un gran corporativo transnacional, de hecho nunca han sido suficientes estas habilidades  por si solas. En un tiempo se creyó que acompañadas de habilidades como ser organizado, ordenado y sistemático podrían funcionar. Pero, hoy en día, es necesario comprender el liderazgo como una identidad integral de las personas y que cada persona en este equipo, de cierto modo contribuye a la dirección del equipo.
El pensamiento sistémico habla de distintas dimensiones en las que los líderes pueden trabajar para dar equilibrio a su trabajo y ser quien dirige a su equipo de trabajo hacia cada una de las metas trazadas.
Los Líderes necesitan apoyarse, según el momento o la situación, en alguna de las cuatro dimensiones del liderazgo, que son igualmente importantes en el panorama general, tanto en su conjunto como de forma independiente, para realizar las actitudes directivas generales:
La dimensión del  liderazgo efectivo es el que se encarga de dar sentido y valor a lo que se hace en la empresa. Es quien se encarga de establecer y difundir los nuevos valores, principios y creencias en la  empresa. Proyecta seguridad y confianza en si mismo y en su compañía, permitiendo que su equipo de trabajo confíe del mismo modo, tanto en su liderazgo como el de la empresa. Es una persona ética y goza de respeto de personal y profesional pues su equipo lo considera capaz y  proactivo. Es definitivamente el creador de una cultura laboral donde todos se sienten orgullosos de contribuir y a su vez se sienten satisfechos profesionalmente hablando.
La dimensión del liderazgo eficaz mantiene la disposición, el vigor y el ánimo para afrontar las dificultades diarias. Tiene una visión clara de las necesidades de sus clientes y orienta todos sus esfuerzos a satisfacerlos. Conoce también las necesidades de su organización, mantiene relaciones saludables,  una comunicación abierta y franca con su equipo y sus proveedores. Organiza, articula y adecua los planes estratégicos para difundirlos entre sus áreas de influencia.
La dimensión del liderazgo eficiente logra que se haga cada tarea dentro del tiempo y la forma correcta, cumpliendo con las especificaciones de calidad, cantidad, tiempo y costo en cada una de ellas. Establece los sistemas y procedimientos de trabajo, estructurando y manteniendo el funcionamiento de cada proyecto, aprovechando cada uno de los recursos disponibles, con agilidad y claridad de pensamiento. Prevé los posibles errores, fallas y problemas que puedan presentarse, y asigna las soluciones y los medios adecuados para corregir el rumbo. Está al pendiente de las necesidades de sus colaboradores como facilitador del cumplimiento de sus actividades, determinando sus indicadores y sistemas de control.
La dimensión del  liderazgo innovador que para muchos es nuestra favorita, maneja el conocimiento, la experiencia y la sabiduría necesaria para fomentar el desarrollo personal, profesional y organizacional de él mismo y sus colaboradores. Estimula la creatividad a través de la investigación y la experimentación para descubrir nuevas tecnologías  o eficientar procesos.
En conclusión, podemos decir que estas dimensiones del liderazgo integran las cuatro principales directrices de la dirección: La visión, motivación, compromiso y el trabajo en equipo. Lo ideal es reconocer nuestras propias limitaciones y evolucionar en nuestras áreas de desarrollo que siempre existirán en algún punto de nuestro proceso de aprendizaje.

September 27, 2008 Posted by edmoli879 | Filosfia Corporativa, liderazgo, temas de consulta | , , , , , , , , | No Comments Yet

Reuniones…

r Julián Lichtmann
¿Por qué tantas reuniones de trabajo son eternas e improductivas?
Discusiones, peleas e largas horas de trabajo improductivo… ¿Cuáles son los principales factores que destruyen la eficacia de las reuniones de trabajo?

 

Por Julián Lichtmann

“Nuestras reuniones de equipo gerencial son un desastre. Ya no sé qué hacer. Somos todos profesionales exitosos y de distinguida trayectoria. Pero cuando nos juntamos, nos transformamos en una máquina de perder el tiempo”, me dijo Ramiro, gerente de recursos humanos de una pujante empresa.

Luego, prosiguió resignado: “Nos quedamos en la oficina hasta altas horas de la noche. Nuestras reuniones son eternas y de pobres resultados. El problema es que hay personalidades muy fuertes y graves problemas de comunicación. Especialmente el gerente comercial, cuando empieza a monopolizar las reuniones, y a discutir con…”

Para diagnosticar el problema y encontrar posibles soluciones, Ramiro me invitó, dos semanas más tarde, a sentarme en una mesa ovalada de un elegante salón, junto a él y el resto del equipo gerencial, cuatro hombres y dos mujeres.

El siguiente es un resumen de cinco obstáculos que identifiqué durante la reunión.

1) Ausencia de un facilitador

Si bien la reunión era formalmente presidida por Mario, vicepresidente de la compañía y gerente de marketing, éste no actuaba cuidando el diálogo del equipo ni parecía capacitado para ejercer dicho rol.

Todas sus intervenciones, al igual que las del resto de los gerentes, estaban sesgadas por sus propios intereses y perspectivas particulares. Las personas hablaban sin sentirse comprendidas. Se generaban así desacuerdos sin salida.

2) Falta de “reglas del juego”

La reunión abundaba en interrupciones constantes (mensajes de texto, llamadas a celulares), varias personas hablando al mismo tiempo y el dominio de los más extrovertidos.

3) Expresiones de deseo vagas no traducidas en compromisos

Los participantes manifestaban pensamientos interesantes. Nadie, sin embargo, logró durante el transcurso de la reunión integrar alguno de ellos a alguna propuesta de acción.

Se expresaban ideas como “es fundamental mejorar la comunicación entre la gerencia de producción y la gerencia comercial para que ésta explore nuevos mercados realistas para nuestra capacidad de producción”.

No obstante, en ningún momento de la reunión se propuso quién iba a hacer qué y cuándo para avanzar en esa dirección.

Los presentes parecían más preocupados en decir algo interesante que en integrar las diversas voces en la toma de una decisión legítima y productiva para todo el grupo.

4) Falta de claridad sobre el proceso de toma de decisiones

Cuando alguien planteaba un tema, no siempre estaba claro si estaba consultando a los demás, meramente informándolos, o bien involucrándolos en una toma de decisión compartida. Esto generaba malentendidos y conversaciones extensas e inútiles.

5) Personalización de desacuerdos

Ante opiniones divergentes, la conversación se convertía en una puja por quién tenía la razón y quién estaba equivocado. Así, el debate se polarizaba en un antagonismo competitivo, resolviéndose eventualmente las diferencias por votación.

6) Minuta improductiva

Una secretaria tomaba nota de todo lo expresado en la reunión, generando así un documento que nadie leería.

En definitiva, aquel equipo gerencial dilapidaba gran parte de su energía en reuniones improductivas. Pero, desde luego, no son los únicos. Es probable que usted también se sienta identificado por esta clase de dinámica grupal. ¿Cómo superar los obstáculos y maximizar la productividad de las reuniones? Este será el tema de nuestro próximo artículo.

Julián Lichtmann
Socio de la firma Ingouville&Nelson. Profesor invitado del Centro de Educación Empresaria de la Universidad de San Andrés. Coordinador académico y profesor del Programa Ejecutivo en Negociación y Manejo del Conflicto en ESADE Business School

r Julián Lichtmann
¿Por qué tantas reuniones de trabajo son eternas e improductivas?
Discusiones, peleas e largas horas de trabajo improductivo… ¿Cuáles son los principales factores que destruyen la eficacia de las reuniones de trabajo?
Por Julián Lichtmann

“Nuestras reuniones de equipo gerencial son un desastre. Ya no sé qué hacer. Somos todos profesionales exitosos y de distinguida trayectoria. Pero cuando nos juntamos, nos transformamos en una máquina de perder el tiempo”, me dijo Ramiro, gerente de recursos humanos de una pujante empresa.

Luego, prosiguió resignado: “Nos quedamos en la oficina hasta altas horas de la noche. Nuestras reuniones son eternas y de pobres resultados. El problema es que hay personalidades muy fuertes y graves problemas de comunicación. Especialmente el gerente comercial, cuando empieza a monopolizar las reuniones, y a discutir con…”

Para diagnosticar el problema y encontrar posibles soluciones, Ramiro me invitó, dos semanas más tarde, a sentarme en una mesa ovalada de un elegante salón, junto a él y el resto del equipo gerencial, cuatro hombres y dos mujeres.

El siguiente es un resumen de cinco obstáculos que identifiqué durante la reunión.

1) Ausencia de un facilitador

Si bien la reunión era formalmente presidida por Mario, vicepresidente de la compañía y gerente de marketing, éste no actuaba cuidando el diálogo del equipo ni parecía capacitado para ejercer dicho rol.

Todas sus intervenciones, al igual que las del resto de los gerentes, estaban sesgadas por sus propios intereses y perspectivas particulares. Las personas hablaban sin sentirse comprendidas. Se generaban así desacuerdos sin salida.

2) Falta de “reglas del juego”

La reunión abundaba en interrupciones constantes (mensajes de texto, llamadas a celulares), varias personas hablando al mismo tiempo y el dominio de los más extrovertidos.

3) Expresiones de deseo vagas no traducidas en compromisos

Los participantes manifestaban pensamientos interesantes. Nadie, sin embargo, logró durante el transcurso de la reunión integrar alguno de ellos a alguna propuesta de acción.

Se expresaban ideas como “es fundamental mejorar la comunicación entre la gerencia de producción y la gerencia comercial para que ésta explore nuevos mercados realistas para nuestra capacidad de producción”.

No obstante, en ningún momento de la reunión se propuso quién iba a hacer qué y cuándo para avanzar en esa dirección.

Los presentes parecían más preocupados en decir algo interesante que en integrar las diversas voces en la toma de una decisión legítima y productiva para todo el grupo.

4) Falta de claridad sobre el proceso de toma de decisiones

Cuando alguien planteaba un tema, no siempre estaba claro si estaba consultando a los demás, meramente informándolos, o bien involucrándolos en una toma de decisión compartida. Esto generaba malentendidos y conversaciones extensas e inútiles.

5) Personalización de desacuerdos

Ante opiniones divergentes, la conversación se convertía en una puja por quién tenía la razón y quién estaba equivocado. Así, el debate se polarizaba en un antagonismo competitivo, resolviéndose eventualmente las diferencias por votación.

6) Minuta improductiva

Una secretaria tomaba nota de todo lo expresado en la reunión, generando así un documento que nadie leería.

En definitiva, aquel equipo gerencial dilapidaba gran parte de su energía en reuniones improductivas. Pero, desde luego, no son los únicos. Es probable que usted también se sienta identificado por esta clase de dinámica grupal. ¿Cómo superar los obstáculos y maximizar la productividad de las reuniones? Este será el tema de nuestro próximo artículo.

Julián Lichtmann
Socio de la firma Ingouville&Nelson. Profesor invitado del Centro de Educación Empresaria de la Universidad de San Andrés. Coordinador académico y profesor del Programa Ejecutivo en Negociación y Manejo del Conflicto en ESADE Business School

r Julián Lichtmann
¿Por qué tantas reuniones de trabajo son eternas e improductivas?
Discusiones, peleas e largas horas de trabajo improductivo… ¿Cuáles son los principales factores que destruyen la eficacia de las reuniones de trabajo?
Por Julián Lichtmann

“Nuestras reuniones de equipo gerencial son un desastre. Ya no sé qué hacer. Somos todos profesionales exitosos y de distinguida trayectoria. Pero cuando nos juntamos, nos transformamos en una máquina de perder el tiempo”, me dijo Ramiro, gerente de recursos humanos de una pujante empresa.

Luego, prosiguió resignado: “Nos quedamos en la oficina hasta altas horas de la noche. Nuestras reuniones son eternas y de pobres resultados. El problema es que hay personalidades muy fuertes y graves problemas de comunicación. Especialmente el gerente comercial, cuando empieza a monopolizar las reuniones, y a discutir con…”

Para diagnosticar el problema y encontrar posibles soluciones, Ramiro me invitó, dos semanas más tarde, a sentarme en una mesa ovalada de un elegante salón, junto a él y el resto del equipo gerencial, cuatro hombres y dos mujeres.

El siguiente es un resumen de cinco obstáculos que identifiqué durante la reunión.

1) Ausencia de un facilitador

Si bien la reunión era formalmente presidida por Mario, vicepresidente de la compañía y gerente de marketing, éste no actuaba cuidando el diálogo del equipo ni parecía capacitado para ejercer dicho rol.

Todas sus intervenciones, al igual que las del resto de los gerentes, estaban sesgadas por sus propios intereses y perspectivas particulares. Las personas hablaban sin sentirse comprendidas. Se generaban así desacuerdos sin salida.

2) Falta de “reglas del juego”

La reunión abundaba en interrupciones constantes (mensajes de texto, llamadas a celulares), varias personas hablando al mismo tiempo y el dominio de los más extrovertidos.

3) Expresiones de deseo vagas no traducidas en compromisos

Los participantes manifestaban pensamientos interesantes. Nadie, sin embargo, logró durante el transcurso de la reunión integrar alguno de ellos a alguna propuesta de acción.

Se expresaban ideas como “es fundamental mejorar la comunicación entre la gerencia de producción y la gerencia comercial para que ésta explore nuevos mercados realistas para nuestra capacidad de producción”.

No obstante, en ningún momento de la reunión se propuso quién iba a hacer qué y cuándo para avanzar en esa dirección.

Los presentes parecían más preocupados en decir algo interesante que en integrar las diversas voces en la toma de una decisión legítima y productiva para todo el grupo.

4) Falta de claridad sobre el proceso de toma de decisiones

Cuando alguien planteaba un tema, no siempre estaba claro si estaba consultando a los demás, meramente informándolos, o bien involucrándolos en una toma de decisión compartida. Esto generaba malentendidos y conversaciones extensas e inútiles.

5) Personalización de desacuerdos

Ante opiniones divergentes, la conversación se convertía en una puja por quién tenía la razón y quién estaba equivocado. Así, el debate se polarizaba en un antagonismo competitivo, resolviéndose eventualmente las diferencias por votación.

6) Minuta improductiva

Una secretaria tomaba nota de todo lo expresado en la reunión, generando así un documento que nadie leería.

En definitiva, aquel equipo gerencial dilapidaba gran parte de su energía en reuniones improductivas. Pero, desde luego, no son los únicos. Es probable que usted también se sienta identificado por esta clase de dinámica grupal. ¿Cómo superar los obstáculos y maximizar la productividad de las reuniones? Este será el tema de nuestro próximo artículo.

Julián Lichtmann
Socio de la firma Ingouville&Nelson. Profesor invitado del Centro de Educación Empresaria de la Universidad de San Andrés. Coordinador académico y profesor del Programa Ejecutivo en Negociación y Manejo del Conflicto en ESADE Business School

September 22, 2008 Posted by edmoli879 | Filosfia Corporativa, Internet, temas de consulta | , , , , , , , , , , , , , , , | No Comments Yet

Equipos de trabajo

Capital Humano
Los grupos de trabajo diversos pueden ser grandes oportunidades (o inmensos peligros)
Incorporación de las mujeres al mercado laboral, envejecimiento de la población… Los equipos de trabajo son cada vez más diversos. Esto puede ser una sensacional ventaja o una terrible amenaza. Depende de cómo se gestione…

 

Por Margarita Mayo (Instituto de Empresa)

En nuestros días, la diversidad de la fuerza laboral ha crecido enormemente debido a una serie de tendencias demográficas relacionadas con la incorporación de la mujer al trabajo, el envejecimiento de la población, los movimientos migratorios, la movilidad social y el uso de equipos multi-funcionales.

El aumento del número de mujeres en el mercado laboral ha incrementado la diversidad de género en todos los niveles de la organización. El envejecimiento ha hecho que cada vez sean más los directivos jóvenes que trabajan en equipo con otros de mayor de edad. La globalización y la popularidad de los equipos multi-funcionales también contribuyen a crear organizaciones cultural y profesionalmente más diversas.

El aumento de la diversidad, tanto social como profesional, ha despertado un enorme interés entre los directivos de empresas. Ahora, enfrentan una situación que presenta nuevos retos, aunque también nuevas oportunidades.

Para maximizar las oportunidades y minimizar los problemas, los directivos deben poner en marcha un nuevo estilo de dirección de personas que responda eficazmente a las demandas de una fuerza laboral diversa.

La diversidad es un arma de doble filo. Cuando está bien gestionada puede ser una ventaja competitiva. Mal gestionada puede ser fuente de conflictos.

La paradoja de la diversidad está en que el equipo incrementa la variedad de sus recursos y, por tanto, su potencial de desempeño, pero a la vez disminuye su integración social.

Los grupos diversos en cuanto a género, cultura y edad suelen tener índices de absentismo y rotación voluntaria más elevados que los grupos homogéneos, siendo los miembros minoritarios los más propensos a marcharse del equipo.

Sin embargo, estos equipos diversos, así como los multi-funcionales, también pueden llegar a ser los más creativos. Para que un grupo diverso pueda alcanzar un máximo potencial de innovación y desempeño es necesario tiempo y liderazgo.

La diversidad proporciona al grupo diferentes habilidades, perspectivas y conocimientos que lo hacen más productivo. Por ejemplo, la efectividad de equipos deportivos está en gran medida determinada por el grado de variación y complementariedad de sus recursos.

Además del mayor capital intelectual, los equipos diversos pueden alcanzar un gran capital social. Un grupo diverso dispone de una red de contactos externa mucho más amplia y variada que un grupo homogéneo. Este capital social puede ser una fuente importante de recursos y también un mecanismo de influencia política.

El líder de un equipo diverso debe ser consciente de estas ventajas y capitalizarlas con un estilo de dirección donde predomine la participación y la delegación.

Si bien los recursos intelectuales y sociales pueden ser una ventaja competitiva para los equipos diversos, los conflictos interpersonales pueden ensombrecer el panorama.

En general, la gente se siente más cómoda con personas similares porque es más sencillo predecir su conducta. Las diferencias, por lo tanto, pueden producir tensiones que los integrantes intentarán disminuir evitando las relaciones sociales con otros miembros (o incluso abandonando el grupo).

También puede ocurrir que se creen sub-grupos dentro del mismo equipo que terminen compitiendo en vez de colaborar.

¿Cómo puede el líder capitalizar las ventajas y atenuar las tensiones de la diversidad?

Las competencias directivas clave para la gestión de la diversidad se basan en un estilo participativo donde el líder no sólo presta atención al resultado final sino también al proceso, reconociendo que la dinámica de un grupo diverso es diferente y requiere más tiempo.

El líder de la diversidad debe incluir cuatro prácticas:

1) La gestión del conocimiento a través de la estimulación intelectual y la participación activa de todos los miembros del grupo

2) La gestión de las relaciones externas con otros grupos animando a los miembros a convertirse en embajadores del equipo fuera de sus fronteras

3) El desarrollo de una visión común que asegure que los intereses del equipo y de cada uno de los miembros están ligados. Es decir, cuando el equipo gana, cada uno de ellos gana

4) El desarrollo de una identidad de equipo que va más allá de las identidades sociales que puedan dividirlo.

En definitiva, liderar la diversidad requiere reconocer y valorar las diferencias buscando puntos de unión.

Margarita Mayo
Doctora en Comportamiento Organizacional, State University of New York at Buffalo, Estados Unidos. Profesora de Comportamiento Organizacional en el Instituto de Empresa

September 22, 2008 Posted by edmoli879 | Filosfia Corporativa, Internet, temas de consulta | , , , , , , , , , , , , , , , | No Comments Yet

Reuniones de trabajo…

¿Cómo tener reuniones de trabajo productivas?
En muchas reuniones de trabajo, los participantes se pasan largas horas sin lograr avances. Sin embargo, la aplicación de algunas sencillas reglas puede hacer maravillas sobre la productividad…

 

Por Julián Lichtmann

En un artículo anterior publicado en MATERIABIZ, presentábamos el caso de un equipo gerencial que mantenía (como tantos otros) largas reuniones improductivas.

A grandes rasgos, sus problemas principales eran en la ausencia de un facilitador para los encuentros, la falta de reglas claras, expresiones de deseos no transformadas en propuestas concretas, falta de claridad sobre cómo tomar las decisiones y pujas sobre quién tenía la razón en caso de desacuerdo.

Mi desafío consistía en ayudarlos a superar estos obstáculos para optimizar tiempo y eficacia.

En aquella ocasión, aconsejé a dos gerentes que trabajaran alternadamente como facilitadores de las reuniones. Es decir, los ayudé a prepararse para cumplir con las siguientes tareas:

1)
Consensuar con el grupo ciertas “reglas del juego” para ordenar la interacción y hacerlas cumplir durante las sucesivas reuniones.

Esto incluye, por ejemplo, reglas sobre llamados a celulares y mensajes de texto, el uso de la palabra y las interrupciones.

2) Explicitar y cuidar el propósito de cada reunión: los temas a debatir y los objetivos a alcanzar.

3) Asegurarse que, más allá de su personalidad, cada miembro del equipo exprese su propia voz y que sus intereses sean reconocidos y tenidos en cuenta durante la reunión.

4) Cuidar el producto de la reunión. Lograr que las intenciones y deseos sobre los que existe consenso se traduzcan en compromisos concretos, con responsables y fechas asignados.

5) Producir minutas de la reunión que incluyan exclusivamente los compromisos acordados, y tener presente dichos compromisos en futuras reuniones.

6) Manejar los desacuerdos de modo que las partes involucradas se sientan comprendidas y consideradas, y encauzar la conversación como la resolución conjunta de un problema y no como una pulseada a ser ganada por alguien.

7) Reconocer y clarificar a tiempo cualquier malentendido relacionado con el proceso de toma de decisiones. Por ejemplo: “¿Este es un tema a decidir entre todos? ¿O bien es un tema sobre el cual nos estás consultando o informando?”

8) Cuidar los propios intereses, al mismo tiempo que el proceso de la reunión.

La aplicación de estos consejos es fundamental para encauzar correctamente las reuniones y alcanzar resultados positivos.

Sin embargo, existe otro punto esencial que aquí no hemos tratado. En efecto, tres meses después de ayudar a estos gerentes a incrementar la productividad de sus interacciones, recibí un llamado de uno de los flamantes facilitadores.

Había un factor sobre el que no habíamos trabajado que estaba entorpeciendo el rumbo de las reuniones: emociones sobre temas del pasado estaban interfiriendo con algunas decisiones sobre el futuro.

Pero este tema quedará para un próximo artículo…

Julián Lichtmann
Socio de la firma Ingouville&Nelson. Profesor invitado del Centro de Educación Empresaria de la Universidad de San Andrés. Coordinador académico y profesor del Programa Ejecutivo en Negociación y Manejo del Conflicto en ESADE Business School

¿Cómo tener reuniones de trabajo productivas?
En muchas reuniones de trabajo, los participantes se pasan largas horas sin lograr avances. Sin embargo, la aplicación de algunas sencillas reglas puede hacer maravillas sobre la productividad…
Por Julián Lichtmann

En un artículo anterior publicado en MATERIABIZ, presentábamos el caso de un equipo gerencial que mantenía (como tantos otros) largas reuniones improductivas.

A grandes rasgos, sus problemas principales eran en la ausencia de un facilitador para los encuentros, la falta de reglas claras, expresiones de deseos no transformadas en propuestas concretas, falta de claridad sobre cómo tomar las decisiones y pujas sobre quién tenía la razón en caso de desacuerdo.

Mi desafío consistía en ayudarlos a superar estos obstáculos para optimizar tiempo y eficacia.

En aquella ocasión, aconsejé a dos gerentes que trabajaran alternadamente como facilitadores de las reuniones. Es decir, los ayudé a prepararse para cumplir con las siguientes tareas:

1)
Consensuar con el grupo ciertas “reglas del juego” para ordenar la interacción y hacerlas cumplir durante las sucesivas reuniones.

Esto incluye, por ejemplo, reglas sobre llamados a celulares y mensajes de texto, el uso de la palabra y las interrupciones.

2) Explicitar y cuidar el propósito de cada reunión: los temas a debatir y los objetivos a alcanzar.

3) Asegurarse que, más allá de su personalidad, cada miembro del equipo exprese su propia voz y que sus intereses sean reconocidos y tenidos en cuenta durante la reunión.

4) Cuidar el producto de la reunión. Lograr que las intenciones y deseos sobre los que existe consenso se traduzcan en compromisos concretos, con responsables y fechas asignados.

5) Producir minutas de la reunión que incluyan exclusivamente los compromisos acordados, y tener presente dichos compromisos en futuras reuniones.

6) Manejar los desacuerdos de modo que las partes involucradas se sientan comprendidas y consideradas, y encauzar la conversación como la resolución conjunta de un problema y no como una pulseada a ser ganada por alguien.

7) Reconocer y clarificar a tiempo cualquier malentendido relacionado con el proceso de toma de decisiones. Por ejemplo: “¿Este es un tema a decidir entre todos? ¿O bien es un tema sobre el cual nos estás consultando o informando?”

8) Cuidar los propios intereses, al mismo tiempo que el proceso de la reunión.

La aplicación de estos consejos es fundamental para encauzar correctamente las reuniones y alcanzar resultados positivos.

Sin embargo, existe otro punto esencial que aquí no hemos tratado. En efecto, tres meses después de ayudar a estos gerentes a incrementar la productividad de sus interacciones, recibí un llamado de uno de los flamantes facilitadores.

Había un factor sobre el que no habíamos trabajado que estaba entorpeciendo el rumbo de las reuniones: emociones sobre temas del pasado estaban interfiriendo con algunas decisiones sobre el futuro.

Pero este tema quedará para un próximo artículo…

Julián Lichtmann
Socio de la firma Ingouville&Nelson. Profesor invitado del Centro de Educación Empresaria de la Universidad de San Andrés. Coordinador académico y profesor del Programa Ejecutivo en Negociación y Manejo del Conflicto en ESADE Business School

¿Cómo tener reuniones de trabajo productivas?
En muchas reuniones de trabajo, los participantes se pasan largas horas sin lograr avances. Sin embargo, la aplicación de algunas sencillas reglas puede hacer maravillas sobre la productividad…
Por Julián Lichtmann

En un artículo anterior publicado en MATERIABIZ, presentábamos el caso de un equipo gerencial que mantenía (como tantos otros) largas reuniones improductivas.

A grandes rasgos, sus problemas principales eran en la ausencia de un facilitador para los encuentros, la falta de reglas claras, expresiones de deseos no transformadas en propuestas concretas, falta de claridad sobre cómo tomar las decisiones y pujas sobre quién tenía la razón en caso de desacuerdo.

Mi desafío consistía en ayudarlos a superar estos obstáculos para optimizar tiempo y eficacia.

En aquella ocasión, aconsejé a dos gerentes que trabajaran alternadamente como facilitadores de las reuniones. Es decir, los ayudé a prepararse para cumplir con las siguientes tareas:

1)
Consensuar con el grupo ciertas “reglas del juego” para ordenar la interacción y hacerlas cumplir durante las sucesivas reuniones.

Esto incluye, por ejemplo, reglas sobre llamados a celulares y mensajes de texto, el uso de la palabra y las interrupciones.

2) Explicitar y cuidar el propósito de cada reunión: los temas a debatir y los objetivos a alcanzar.

3) Asegurarse que, más allá de su personalidad, cada miembro del equipo exprese su propia voz y que sus intereses sean reconocidos y tenidos en cuenta durante la reunión.

4) Cuidar el producto de la reunión. Lograr que las intenciones y deseos sobre los que existe consenso se traduzcan en compromisos concretos, con responsables y fechas asignados.

5) Producir minutas de la reunión que incluyan exclusivamente los compromisos acordados, y tener presente dichos compromisos en futuras reuniones.

6) Manejar los desacuerdos de modo que las partes involucradas se sientan comprendidas y consideradas, y encauzar la conversación como la resolución conjunta de un problema y no como una pulseada a ser ganada por alguien.

7) Reconocer y clarificar a tiempo cualquier malentendido relacionado con el proceso de toma de decisiones. Por ejemplo: “¿Este es un tema a decidir entre todos? ¿O bien es un tema sobre el cual nos estás consultando o informando?”

8) Cuidar los propios intereses, al mismo tiempo que el proceso de la reunión.

La aplicación de estos consejos es fundamental para encauzar correctamente las reuniones y alcanzar resultados positivos.

Sin embargo, existe otro punto esencial que aquí no hemos tratado. En efecto, tres meses después de ayudar a estos gerentes a incrementar la productividad de sus interacciones, recibí un llamado de uno de los flamantes facilitadores.

Había un factor sobre el que no habíamos trabajado que estaba entorpeciendo el rumbo de las reuniones: emociones sobre temas del pasado estaban interfiriendo con algunas decisiones sobre el futuro.

Pero este tema quedará para un próximo artículo…

Julián Lichtmann
Socio de la firma Ingouville&Nelson. Profesor invitado del Centro de Educación Empresaria de la Universidad de San Andrés. Coordinador académico y profesor del Programa Ejecutivo en Negociación y Manejo del Conflicto en ESADE Business School

September 22, 2008 Posted by edmoli879 | Filosfia Corporativa, Internet, temas de consulta | , , , , , , , , , , | No Comments Yet

La empresa inteligente

ccPersonas inteligentes, empresas inteligentes ¿espacios inteligentes?’);//–>ftswfid300250_DoFSCommand(command, args);  La forma en la que trabajamos está cambiando de una manera radical y esto trae consigo una auténtica revolución en los entornos de trabajo, donde las tecnologías de la información y la comunicación y los espacios se convierten en herramientas inseparables. En la era conceptual (como denominan pensadores como Dan Pink o el mismísimo Tom Peters a los tiempos que se nos vienen encima) el éxito de las organizaciones no estará basado en la productividad sino en la creatividad. En un entorno tan competitivo como el que estamos la productividad es un requisito imprescindible de entrada en el juego y se presupone como el valor a los toreros pero desde luego no va ser el condicionante que haga ganar ese juego. La alta productividad será una condición necesaria pero no suficiente y la creatividad, la innovación y otras cualidades pertenecientes a “la mitad izquierda del cerebro” cobrarán cada vez más peso. Por supuesto esto requiere que las empresas sean mucho más capaces de aprovechar las capacidades de las personas y tanto los espacios como las tecnologías de la información van a ser piezas clave para maximizar este potencial humano.Oficinas más vacíasSe ha discutido muchísimo sobre cómo será la oficina del futuro y en lo que todo el mundo parece estar de acuerdo es en que estará más vacía. Habrá menos gente porque el porcentaje de trabajadores que realizarán su función desde fuera de la oficina seguirá creciendo (no sólo en forma de teletrabajodores desde casa sino en cualquiera de los formatos de ese difuso concepto de trabajador móvil capaz de convertir el trabajo en una actividad y no en un lugar); menos dispositivos porque la convergencia conduce a puestos de trabajo capaces de integrar las capacidades de comunicación y gestión de información así como a soluciones multifuncionales capaces de dar respuesta a múltiples necesidades, y por supuesto menos papel. El papel tradicionalmente ha sido y es una parte importantísima del “paisaje de la oficina” y aunque la oficina sin papeles es otra más de esas tecnologías con un largo futuro, la verdad es que en cualquier oficina las cantidades de papel acumuladas siguen siendo ingentes. Es sorprendente que con la presión existente hoy en los costes, la situación siga siendo ésta. Según estudios recientes ¡el 99% de las empresas españolas no saben cuánto gastan en documentos! incluyendo su creación, impresión, gestión y almacenamiento, aunque todos tenemos claro que ese gasto es más que significativo. Pero más allá del coste, el papel se puede convertir en un inhibidor de la optimización de procesos, al retrasar los flujos y complicar la compartición. En un entorno tan competitivo como en el que estamos esto es un problema.Espacios más abiertosPese al hecho cierto de que el conocimiento de las personas actualmente es el más alto de la historia, no es menos cierto que cada vez es más bajo el conocimiento relativo (parte del conocimiento global o el suficiente para la ejecución de una determinada tarea). Como decía Albert Einstein la diferencia entre la persona que más sabe del mundo y la que menos sabe es completamente insignificante comparada con lo que ninguna de las dos sabe. Este contexto hace imprescindible la colaboración definida como la capacidad de transmitir, gestionar y mantener el activo más valioso de cualquier organización: el conocimiento de las personas que la forman. La colaboración se materializa en nuevas necesidades de comunicación y trabajo en grupo que conduce a oficinas más abiertas que son más capaces de fomentar esta colaboración.El primer paso y quizás el más visible de esta tendencia es la oficina diáfana, sin apenas despachos. Pero es un error creer que una oficina diáfana es una oficina abierta. Una oficina abierta es mucho más que eso y de hecho las barreras para la comunicación van mucho más allá de las puramente arquitectónicas. Pensemos en esa oficina en la que trabajaba el personaje de Jack Lemmon en esa maravillosa película de Billy Wilder que es “El apartamento”, una enorme oficina diáfana en la que cada empleado se dedica a su tarea sin intercambiar una sola palabra. Era una oficina diáfana pero no abierta. Esto no significa que la tendencia a eliminar barreras arquitectónicas no contribuya a crear la sensación de oficinas abiertas, pero para conseguir este entorno colaborativo hacen falta muchas más cosas: nuevas maneras de comunicarse (integrando y gestionando los distintos canales), facilitar espacios de reunión físicos o virtuales, mecanismos de coordinación y flujo de trabajo…Oficinas más inteligentesAl hablar de oficinas inteligentes nos referimos a entornos en los que la tecnología es ubicua pero completamente transparente al usuario. El diccionario define la ubicuidad como la capacidad de estar en todas partes. La tecnología estará en el futuro en todas partes, la miniaturización y la disminución del coste de la capacidad de proceso conducirá a la presencia de tecnología en multitud de cosas, que además se conectarán entre ellas sin intervención alguna de los humanos… y ésta será la gran revolución.Un buen ejemplo de ubicuidad lo proporciona la tecnología RFID (Radio Frequency Identification), otra de esas tecnologías (y hay multitud) con un enorme futuro por delante. Llevamos muchos años hablando de ella y sin embargo aún no termina de despegar. RFID facilita que las tecnologías “sientan” el mundo real y esto permite enormes aplicaciones en lo que a optimización de procesos se refiere, no sólo en el ámbito de la distribución, la logística o la fabricación sino también en entornos de oficina al poder permitir una mayor integración entre la tecnología y el mundo físico.La inteligencia de las oficinas del futuro permitirá que entorno de trabajo se adecue a las necesidades de cada uno sin necesidad de realizar ningún complicado proceso y puede incluir funcionalidades como la adecuación de la luz y la temperatura o incluso el color del habitáculo (no es ciencia ficción, ya hemos visto entornos dotados de estas soluciones en proyectos piloto) dependiendo de las personas que van a trabajar y el momento del día.Pero sin duda el aspecto más crítico de estas oficinas inteligentes será gestión dinámica del espacio, es decir, la capacidad de asignar puestos de trabajo en tiempo real. En el futuro próximo tener puestos de trabajo desocupados será un lujo difícilmente justificable y se tenderá a gestionar los puestos de trabajo como un conjunto de recursos compartidos en los que dependiendo de las necesidades se asigna uno u otro puesto. Esto pasa desde luego por una nueva manera de entender el puesto de trabajo. El empleado ya no tendrá su mesa y muy probablemente ni siquiera su PC sino que será capaz de acceder a su puesto de trabajo virtual desde cualquier sitio, incluidos los espacios de trabajo en grupo, cualquier posición del pool de recursos compartidos o incluso su casa.Los espacios en la oficina del futuroLas oficinas del mañana tendrán como las de hoy tres tipos de espacios: personales, compartidos y comunes. Lo que cambiará será la distribución de la superficie entre ellos, de manera que los dos últimos tendrán cada vez más peso en detrimento del primero.Los espacios personales girarán en torno al puesto de trabajo y su objetivo es maximizar la autonomía y la productividad. La evolución del puesto de trabajo es una de las claves del modelo de organización. Hoy en día la forma de trabajar es la que se adapta a la tecnología del puesto de trabajo. En la mayor parte de las ocasiones, estamos aún ante una manera de trabajar basada en la aplicación. Un trabajador hoy en día para llevar a cabo un proceso tiene que trabajar con distintas aplicaciones y debe ir “saltando” de aplicación en aplicación. El puesto de trabajo del futuro no estará basado en aplicaciones sino en procesos y roles, el usuario no deberá abrir y cerrar aplicaciones sino que todas las capacidades e información que necesite para completar una determinada tarea estarán a su alcance a través de una única interfaz, común para todos los empleados pero distinta para cada uno de ellos dependiendo de sus necesidades concretas. Esta dualidad es sin duda uno de los grandes desafíos a los que se enfrentan los proveedores. Por supuesto este puesto de trabajo será completamente independiente del dispositivo y el lugar desde el que se acceda.Los espacios compartidos supondrán cada vez más metros de oficina y las salas de trabajo en grupo seguirán evolucionando hacia modelos de puntos de encuentro entre personas remotas. Los grupos de trabajo cada vez serán más heterogéneos, formados por personas que trabajan en departamentos y lugares distintos, por lo que estas zonas estarán dotadas de herramientas de comunicación de “muchos a muchos” como pueden ser la videoconferencia, las “pizarras virtuales” o sistemas de colaboración en tiempo real. Además estas salas estarán dotadas de mecanismos que permitan recuperar y almacenar los contenidos de estas reuniones sea cual sea su formato (voz, texto sobre cualquier soporte, etc.) de manera que pueda ser reutilizado.Los espacios comunes o públicos también van a ganar peso en el futuro porque casi todos los expertos coinciden en que son clave para la satisfacción del empleado y para construir la sensación de “empresa”. Además estas zonas suelen ser las más aptas para la comunicación no estructurada y/o informal, que es una de las riquezas de las oficinas tradicionales difícil de mantener en un entorno de trabajadores que desempeñan su labor desde sitios distintos y en momentos distintos.Jaime García Cantero, Research Manager de IDC España
ccPersonas inteligentes, empresas inteligentes ¿espacios inteligentes?’);//–>ftswfid300250_DoFSCommand(command, args);  La forma en la que trabajamos está cambiando de una manera radical y esto trae consigo una auténtica revolución en los entornos de trabajo, donde las tecnologías de la información y la comunicación y los espacios se convierten en herramientas inseparables. En la era conceptual (como denominan pensadores como Dan Pink o el mismísimo Tom Peters a los tiempos que se nos vienen encima) el éxito de las organizaciones no estará basado en la productividad sino en la creatividad. En un entorno tan competitivo como el que estamos la productividad es un requisito imprescindible de entrada en el juego y se presupone como el valor a los toreros pero desde luego no va ser el condicionante que haga ganar ese juego. La alta productividad será una condición necesaria pero no suficiente y la creatividad, la innovación y otras cualidades pertenecientes a “la mitad izquierda del cerebro” cobrarán cada vez más peso. Por supuesto esto requiere que las empresas sean mucho más capaces de aprovechar las capacidades de las personas y tanto los espacios como las tecnologías de la información van a ser piezas clave para maximizar este potencial humano.Oficinas más vacíasSe ha discutido muchísimo sobre cómo será la oficina del futuro y en lo que todo el mundo parece estar de acuerdo es en que estará más vacía. Habrá menos gente porque el porcentaje de trabajadores que realizarán su función desde fuera de la oficina seguirá creciendo (no sólo en forma de teletrabajodores desde casa sino en cualquiera de los formatos de ese difuso concepto de trabajador móvil capaz de convertir el trabajo en una actividad y no en un lugar); menos dispositivos porque la convergencia conduce a puestos de trabajo capaces de integrar las capacidades de comunicación y gestión de información así como a soluciones multifuncionales capaces de dar respuesta a múltiples necesidades, y por supuesto menos papel. El papel tradicionalmente ha sido y es una parte importantísima del “paisaje de la oficina” y aunque la oficina sin papeles es otra más de esas tecnologías con un largo futuro, la verdad es que en cualquier oficina las cantidades de papel acumuladas siguen siendo ingentes. Es sorprendente que con la presión existente hoy en los costes, la situación siga siendo ésta. Según estudios recientes ¡el 99% de las empresas españolas no saben cuánto gastan en documentos! incluyendo su creación, impresión, gestión y almacenamiento, aunque todos tenemos claro que ese gasto es más que significativo. Pero más allá del coste, el papel se puede convertir en un inhibidor de la optimización de procesos, al retrasar los flujos y complicar la compartición. En un entorno tan competitivo como en el que estamos esto es un problema.Espacios más abiertosPese al hecho cierto de que el conocimiento de las personas actualmente es el más alto de la historia, no es menos cierto que cada vez es más bajo el conocimiento relativo (parte del conocimiento global o el suficiente para la ejecución de una determinada tarea). Como decía Albert Einstein la diferencia entre la persona que más sabe del mundo y la que menos sabe es completamente insignificante comparada con lo que ninguna de las dos sabe. Este contexto hace imprescindible la colaboración definida como la capacidad de transmitir, gestionar y mantener el activo más valioso de cualquier organización: el conocimiento de las personas que la forman. La colaboración se materializa en nuevas necesidades de comunicación y trabajo en grupo que conduce a oficinas más abiertas que son más capaces de fomentar esta colaboración.El primer paso y quizás el más visible de esta tendencia es la oficina diáfana, sin apenas despachos. Pero es un error creer que una oficina diáfana es una oficina abierta. Una oficina abierta es mucho más que eso y de hecho las barreras para la comunicación van mucho más allá de las puramente arquitectónicas. Pensemos en esa oficina en la que trabajaba el personaje de Jack Lemmon en esa maravillosa película de Billy Wilder que es “El apartamento”, una enorme oficina diáfana en la que cada empleado se dedica a su tarea sin intercambiar una sola palabra. Era una oficina diáfana pero no abierta. Esto no significa que la tendencia a eliminar barreras arquitectónicas no contribuya a crear la sensación de oficinas abiertas, pero para conseguir este entorno colaborativo hacen falta muchas más cosas: nuevas maneras de comunicarse (integrando y gestionando los distintos canales), facilitar espacios de reunión físicos o virtuales, mecanismos de coordinación y flujo de trabajo…Oficinas más inteligentesAl hablar de oficinas inteligentes nos referimos a entornos en los que la tecnología es ubicua pero completamente transparente al usuario. El diccionario define la ubicuidad como la capacidad de estar en todas partes. La tecnología estará en el futuro en todas partes, la miniaturización y la disminución del coste de la capacidad de proceso conducirá a la presencia de tecnología en multitud de cosas, que además se conectarán entre ellas sin intervención alguna de los humanos… y ésta será la gran revolución.Un buen ejemplo de ubicuidad lo proporciona la tecnología RFID (Radio Frequency Identification), otra de esas tecnologías (y hay multitud) con un enorme futuro por delante. Llevamos muchos años hablando de ella y sin embargo aún no termina de despegar. RFID facilita que las tecnologías “sientan” el mundo real y esto permite enormes aplicaciones en lo que a optimización de procesos se refiere, no sólo en el ámbito de la distribución, la logística o la fabricación sino también en entornos de oficina al poder permitir una mayor integración entre la tecnología y el mundo físico.La inteligencia de las oficinas del futuro permitirá que entorno de trabajo se adecue a las necesidades de cada uno sin necesidad de realizar ningún complicado proceso y puede incluir funcionalidades como la adecuación de la luz y la temperatura o incluso el color del habitáculo (no es ciencia ficción, ya hemos visto entornos dotados de estas soluciones en proyectos piloto) dependiendo de las personas que van a trabajar y el momento del día.Pero sin duda el aspecto más crítico de estas oficinas inteligentes será gestión dinámica del espacio, es decir, la capacidad de asignar puestos de trabajo en tiempo real. En el futuro próximo tener puestos de trabajo desocupados será un lujo difícilmente justificable y se tenderá a gestionar los puestos de trabajo como un conjunto de recursos compartidos en los que dependiendo de las necesidades se asigna uno u otro puesto. Esto pasa desde luego por una nueva manera de entender el puesto de trabajo. El empleado ya no tendrá su mesa y muy probablemente ni siquiera su PC sino que será capaz de acceder a su puesto de trabajo virtual desde cualquier sitio, incluidos los espacios de trabajo en grupo, cualquier posición del pool de recursos compartidos o incluso su casa.Los espacios en la oficina del futuroLas oficinas del mañana tendrán como las de hoy tres tipos de espacios: personales, compartidos y comunes. Lo que cambiará será la distribución de la superficie entre ellos, de manera que los dos últimos tendrán cada vez más peso en detrimento del primero.Los espacios personales girarán en torno al puesto de trabajo y su objetivo es maximizar la autonomía y la productividad. La evolución del puesto de trabajo es una de las claves del modelo de organización. Hoy en día la forma de trabajar es la que se adapta a la tecnología del puesto de trabajo. En la mayor parte de las ocasiones, estamos aún ante una manera de trabajar basada en la aplicación. Un trabajador hoy en día para llevar a cabo un proceso tiene que trabajar con distintas aplicaciones y debe ir “saltando” de aplicación en aplicación. El puesto de trabajo del futuro no estará basado en aplicaciones sino en procesos y roles, el usuario no deberá abrir y cerrar aplicaciones sino que todas las capacidades e información que necesite para completar una determinada tarea estarán a su alcance a través de una única interfaz, común para todos los empleados pero distinta para cada uno de ellos dependiendo de sus necesidades concretas. Esta dualidad es sin duda uno de los grandes desafíos a los que se enfrentan los proveedores. Por supuesto este puesto de trabajo será completamente independiente del dispositivo y el lugar desde el que se acceda.Los espacios compartidos supondrán cada vez más metros de oficina y las salas de trabajo en grupo seguirán evolucionando hacia modelos de puntos de encuentro entre personas remotas. Los grupos de trabajo cada vez serán más heterogéneos, formados por personas que trabajan en departamentos y lugares distintos, por lo que estas zonas estarán dotadas de herramientas de comunicación de “muchos a muchos” como pueden ser la videoconferencia, las “pizarras virtuales” o sistemas de colaboración en tiempo real. Además estas salas estarán dotadas de mecanismos que permitan recuperar y almacenar los contenidos de estas reuniones sea cual sea su formato (voz, texto sobre cualquier soporte, etc.) de manera que pueda ser reutilizado.Los espacios comunes o públicos también van a ganar peso en el futuro porque casi todos los expertos coinciden en que son clave para la satisfacción del empleado y para construir la sensación de “empresa”. Además estas zonas suelen ser las más aptas para la comunicación no estructurada y/o informal, que es una de las riquezas de las oficinas tradicionales difícil de mantener en un entorno de trabajadores que desempeñan su labor desde sitios distintos y en momentos distintos.Jaime García Cantero, Research Manager de IDC España
ccPersonas inteligentes, empresas inteligentes ¿espacios inteligentes?’);//–>ftswfid300250_DoFSCommand(command, args);  La forma en la que trabajamos está cambiando de una manera radical y esto trae consigo una auténtica revolución en los entornos de trabajo, donde las tecnologías de la información y la comunicación y los espacios se convierten en herramientas inseparables. En la era conceptual (como denominan pensadores como Dan Pink o el mismísimo Tom Peters a los tiempos que se nos vienen encima) el éxito de las organizaciones no estará basado en la productividad sino en la creatividad. En un entorno tan competitivo como el que estamos la productividad es un requisito imprescindible de entrada en el juego y se presupone como el valor a los toreros pero desde luego no va ser el condicionante que haga ganar ese juego. La alta productividad será una condición necesaria pero no suficiente y la creatividad, la innovación y otras cualidades pertenecientes a “la mitad izquierda del cerebro” cobrarán cada vez más peso. Por supuesto esto requiere que las empresas sean mucho más capaces de aprovechar las capacidades de las personas y tanto los espacios como las tecnologías de la información van a ser piezas clave para maximizar este potencial humano.Oficinas más vacíasSe ha discutido muchísimo sobre cómo será la oficina del futuro y en lo que todo el mundo parece estar de acuerdo es en que estará más vacía. Habrá menos gente porque el porcentaje de trabajadores que realizarán su función desde fuera de la oficina seguirá creciendo (no sólo en forma de teletrabajodores desde casa sino en cualquiera de los formatos de ese difuso concepto de trabajador móvil capaz de convertir el trabajo en una actividad y no en un lugar); menos dispositivos porque la convergencia conduce a puestos de trabajo capaces de integrar las capacidades de comunicación y gestión de información así como a soluciones multifuncionales capaces de dar respuesta a múltiples necesidades, y por supuesto menos papel. El papel tradicionalmente ha sido y es una parte importantísima del “paisaje de la oficina” y aunque la oficina sin papeles es otra más de esas tecnologías con un largo futuro, la verdad es que en cualquier oficina las cantidades de papel acumuladas siguen siendo ingentes. Es sorprendente que con la presión existente hoy en los costes, la situación siga siendo ésta. Según estudios recientes ¡el 99% de las empresas españolas no saben cuánto gastan en documentos! incluyendo su creación, impresión, gestión y almacenamiento, aunque todos tenemos claro que ese gasto es más que significativo. Pero más allá del coste, el papel se puede convertir en un inhibidor de la optimización de procesos, al retrasar los flujos y complicar la compartición. En un entorno tan competitivo como en el que estamos esto es un problema.Espacios más abiertosPese al hecho cierto de que el conocimiento de las personas actualmente es el más alto de la historia, no es menos cierto que cada vez es más bajo el conocimiento relativo (parte del conocimiento global o el suficiente para la ejecución de una determinada tarea). Como decía Albert Einstein la diferencia entre la persona que más sabe del mundo y la que menos sabe es completamente insignificante comparada con lo que ninguna de las dos sabe. Este contexto hace imprescindible la colaboración definida como la capacidad de transmitir, gestionar y mantener el activo más valioso de cualquier organización: el conocimiento de las personas que la forman. La colaboración se materializa en nuevas necesidades de comunicación y trabajo en grupo que conduce a oficinas más abiertas que son más capaces de fomentar esta colaboración.El primer paso y quizás el más visible de esta tendencia es la oficina diáfana, sin apenas despachos. Pero es un error creer que una oficina diáfana es una oficina abierta. Una oficina abierta es mucho más que eso y de hecho las barreras para la comunicación van mucho más allá de las puramente arquitectónicas. Pensemos en esa oficina en la que trabajaba el personaje de Jack Lemmon en esa maravillosa película de Billy Wilder que es “El apartamento”, una enorme oficina diáfana en la que cada empleado se dedica a su tarea sin intercambiar una sola palabra. Era una oficina diáfana pero no abierta. Esto no significa que la tendencia a eliminar barreras arquitectónicas no contribuya a crear la sensación de oficinas abiertas, pero para conseguir este entorno colaborativo hacen falta muchas más cosas: nuevas maneras de comunicarse (integrando y gestionando los distintos canales), facilitar espacios de reunión físicos o virtuales, mecanismos de coordinación y flujo de trabajo…Oficinas más inteligentesAl hablar de oficinas inteligentes nos referimos a entornos en los que la tecnología es ubicua pero completamente transparente al usuario. El diccionario define la ubicuidad como la capacidad de estar en todas partes. La tecnología estará en el futuro en todas partes, la miniaturización y la disminución del coste de la capacidad de proceso conducirá a la presencia de tecnología en multitud de cosas, que además se conectarán entre ellas sin intervención alguna de los humanos… y ésta será la gran revolución.Un buen ejemplo de ubicuidad lo proporciona la tecnología RFID (Radio Frequency Identification), otra de esas tecnologías (y hay multitud) con un enorme futuro por delante. Llevamos muchos años hablando de ella y sin embargo aún no termina de despegar. RFID facilita que las tecnologías “sientan” el mundo real y esto permite enormes aplicaciones en lo que a optimización de procesos se refiere, no sólo en el ámbito de la distribución, la logística o la fabricación sino también en entornos de oficina al poder permitir una mayor integración entre la tecnología y el mundo físico.La inteligencia de las oficinas del futuro permitirá que entorno de trabajo se adecue a las necesidades de cada uno sin necesidad de realizar ningún complicado proceso y puede incluir funcionalidades como la adecuación de la luz y la temperatura o incluso el color del habitáculo (no es ciencia ficción, ya hemos visto entornos dotados de estas soluciones en proyectos piloto) dependiendo de las personas que van a trabajar y el momento del día.Pero sin duda el aspecto más crítico de estas oficinas inteligentes será gestión dinámica del espacio, es decir, la capacidad de asignar puestos de trabajo en tiempo real. En el futuro próximo tener puestos de trabajo desocupados será un lujo difícilmente justificable y se tenderá a gestionar los puestos de trabajo como un conjunto de recursos compartidos en los que dependiendo de las necesidades se asigna uno u otro puesto. Esto pasa desde luego por una nueva manera de entender el puesto de trabajo. El empleado ya no tendrá su mesa y muy probablemente ni siquiera su PC sino que será capaz de acceder a su puesto de trabajo virtual desde cualquier sitio, incluidos los espacios de trabajo en grupo, cualquier posición del pool de recursos compartidos o incluso su casa.Los espacios en la oficina del futuroLas oficinas del mañana tendrán como las de hoy tres tipos de espacios: personales, compartidos y comunes. Lo que cambiará será la distribución de la superficie entre ellos, de manera que los dos últimos tendrán cada vez más peso en detrimento del primero.Los espacios personales girarán en torno al puesto de trabajo y su objetivo es maximizar la autonomía y la productividad. La evolución del puesto de trabajo es una de las claves del modelo de organización. Hoy en día la forma de trabajar es la que se adapta a la tecnología del puesto de trabajo. En la mayor parte de las ocasiones, estamos aún ante una manera de trabajar basada en la aplicación. Un trabajador hoy en día para llevar a cabo un proceso tiene que trabajar con distintas aplicaciones y debe ir “saltando” de aplicación en aplicación. El puesto de trabajo del futuro no estará basado en aplicaciones sino en procesos y roles, el usuario no deberá abrir y cerrar aplicaciones sino que todas las capacidades e información que necesite para completar una determinada tarea estarán a su alcance a través de una única interfaz, común para todos los empleados pero distinta para cada uno de ellos dependiendo de sus necesidades concretas. Esta dualidad es sin duda uno de los grandes desafíos a los que se enfrentan los proveedores. Por supuesto este puesto de trabajo será completamente independiente del dispositivo y el lugar desde el que se acceda.Los espacios compartidos supondrán cada vez más metros de oficina y las salas de trabajo en grupo seguirán evolucionando hacia modelos de puntos de encuentro entre personas remotas. Los grupos de trabajo cada vez serán más heterogéneos, formados por personas que trabajan en departamentos y lugares distintos, por lo que estas zonas estarán dotadas de herramientas de comunicación de “muchos a muchos” como pueden ser la videoconferencia, las “pizarras virtuales” o sistemas de colaboración en tiempo real. Además estas salas estarán dotadas de mecanismos que permitan recuperar y almacenar los contenidos de estas reuniones sea cual sea su formato (voz, texto sobre cualquier soporte, etc.) de manera que pueda ser reutilizado.Los espacios comunes o públicos también van a ganar peso en el futuro porque casi todos los expertos coinciden en que son clave para la satisfacción del empleado y para construir la sensación de “empresa”. Además estas zonas suelen ser las más aptas para la comunicación no estructurada y/o informal, que es una de las riquezas de las oficinas tradicionales difícil de mantener en un entorno de trabajadores que desempeñan su labor desde sitios distintos y en momentos distintos.Jaime García Cantero, Research Manager de IDC España
ccPersonas inteligentes, empresas inteligentes ¿espacios inteligentes?’);//–>ftswfid300250_DoFSCommand(command, args);  La forma en la que trabajamos está cambiando de una manera radical y esto trae consigo una auténtica revolución en los entornos de trabajo, donde las tecnologías de la información y la comunicación y los espacios se convierten en herramientas inseparables. En la era conceptual (como denominan pensadores como Dan Pink o el mismísimo Tom Peters a los tiempos que se nos vienen encima) el éxito de las organizaciones no estará basado en la productividad sino en la creatividad. En un entorno tan competitivo como el que estamos la productividad es un requisito imprescindible de entrada en el juego y se presupone como el valor a los toreros pero desde luego no va ser el condicionante que haga ganar ese juego. La alta productividad será una condición necesaria pero no suficiente y la creatividad, la innovación y otras cualidades pertenecientes a “la mitad izquierda del cerebro” cobrarán cada vez más peso. Por supuesto esto requiere que las empresas sean mucho más capaces de aprovechar las capacidades de las personas y tanto los espacios como las tecnologías de la información van a ser piezas clave para maximizar este potencial humano.Oficinas más vacíasSe ha discutido muchísimo sobre cómo será la oficina del futuro y en lo que todo el mundo parece estar de acuerdo es en que estará más vacía. Habrá menos gente porque el porcentaje de trabajadores que realizarán su función desde fuera de la oficina seguirá creciendo (no sólo en forma de teletrabajodores desde casa sino en cualquiera de los formatos de ese difuso concepto de trabajador móvil capaz de convertir el trabajo en una actividad y no en un lugar); menos dispositivos porque la convergencia conduce a puestos de trabajo capaces de integrar las capacidades de comunicación y gestión de información así como a soluciones multifuncionales capaces de dar respuesta a múltiples necesidades, y por supuesto menos papel. El papel tradicionalmente ha sido y es una parte importantísima del “paisaje de la oficina” y aunque la oficina sin papeles es otra más de esas tecnologías con un largo futuro, la verdad es que en cualquier oficina las cantidades de papel acumuladas siguen siendo ingentes. Es sorprendente que con la presión existente hoy en los costes, la situación siga siendo ésta. Según estudios recientes ¡el 99% de las empresas españolas no saben cuánto gastan en documentos! incluyendo su creación, impresión, gestión y almacenamiento, aunque todos tenemos claro que ese gasto es más que significativo. Pero más allá del coste, el papel se puede convertir en un inhibidor de la optimización de procesos, al retrasar los flujos y complicar la compartición. En un entorno tan competitivo como en el que estamos esto es un problema.Espacios más abiertosPese al hecho cierto de que el conocimiento de las personas actualmente es el más alto de la historia, no es menos cierto que cada vez es más bajo el conocimiento relativo (parte del conocimiento global o el suficiente para la ejecución de una determinada tarea). Como decía Albert Einstein la diferencia entre la persona que más sabe del mundo y la que menos sabe es completamente insignificante comparada con lo que ninguna de las dos sabe. Este contexto hace imprescindible la colaboración definida como la capacidad de transmitir, gestionar y mantener el activo más valioso de cualquier organización: el conocimiento de las personas que la forman. La colaboración se materializa en nuevas necesidades de comunicación y trabajo en grupo que conduce a oficinas más abiertas que son más capaces de fomentar esta colaboración.El primer paso y quizás el más visible de esta tendencia es la oficina diáfana, sin apenas despachos. Pero es un error creer que una oficina diáfana es una oficina abierta. Una oficina abierta es mucho más que eso y de hecho las barreras para la comunicación van mucho más allá de las puramente arquitectónicas. Pensemos en esa oficina en la que trabajaba el personaje de Jack Lemmon en esa maravillosa película de Billy Wilder que es “El apartamento”, una enorme oficina diáfana en la que cada empleado se dedica a su tarea sin intercambiar una sola palabra. Era una oficina diáfana pero no abierta. Esto no significa que la tendencia a eliminar barreras arquitectónicas no contribuya a crear la sensación de oficinas abiertas, pero para conseguir este entorno colaborativo hacen falta muchas más cosas: nuevas maneras de comunicarse (integrando y gestionando los distintos canales), facilitar espacios de reunión físicos o virtuales, mecanismos de coordinación y flujo de trabajo…Oficinas más inteligentesAl hablar de oficinas inteligentes nos referimos a entornos en los que la tecnología es ubicua pero completamente transparente al usuario. El diccionario define la ubicuidad como la capacidad de estar en todas partes. La tecnología estará en el futuro en todas partes, la miniaturización y la disminución del coste de la capacidad de proceso conducirá a la presencia de tecnología en multitud de cosas, que además se conectarán entre ellas sin intervención alguna de los humanos… y ésta será la gran revolución.Un buen ejemplo de ubicuidad lo proporciona la tecnología RFID (Radio Frequency Identification), otra de esas tecnologías (y hay multitud) con un enorme futuro por delante. Llevamos muchos años hablando de ella y sin embargo aún no termina de despegar. RFID facilita que las tecnologías “sientan” el mundo real y esto permite enormes aplicaciones en lo que a optimización de procesos se refiere, no sólo en el ámbito de la distribución, la logística o la fabricación sino también en entornos de oficina al poder permitir una mayor integración entre la tecnología y el mundo físico.La inteligencia de las oficinas del futuro permitirá que entorno de trabajo se adecue a las necesidades de cada uno sin necesidad de realizar ningún complicado proceso y puede incluir funcionalidades como la adecuación de la luz y la temperatura o incluso el color del habitáculo (no es ciencia ficción, ya hemos visto entornos dotados de estas soluciones en proyectos piloto) dependiendo de las personas que van a trabajar y el momento del día.Pero sin duda el aspecto más crítico de estas oficinas inteligentes será gestión dinámica del espacio, es decir, la capacidad de asignar puestos de trabajo en tiempo real. En el futuro próximo tener puestos de trabajo desocupados será un lujo difícilmente justificable y se tenderá a gestionar los puestos de trabajo como un conjunto de recursos compartidos en los que dependiendo de las necesidades se asigna uno u otro puesto. Esto pasa desde luego por una nueva manera de entender el puesto de trabajo. El empleado ya no tendrá su mesa y muy probablemente ni siquiera su PC sino que será capaz de acceder a su puesto de trabajo virtual desde cualquier sitio, incluidos los espacios de trabajo en grupo, cualquier posición del pool de recursos compartidos o incluso su casa.Los espacios en la oficina del futuroLas oficinas del mañana tendrán como las de hoy tres tipos de espacios: personales, compartidos y comunes. Lo que cambiará será la distribución de la superficie entre ellos, de manera que los dos últimos tendrán cada vez más peso en detrimento del primero.Los espacios personales girarán en torno al puesto de trabajo y su objetivo es maximizar la autonomía y la productividad. La evolución del puesto de trabajo es una de las claves del modelo de organización. Hoy en día la forma de trabajar es la que se adapta a la tecnología del puesto de trabajo. En la mayor parte de las ocasiones, estamos aún ante una manera de trabajar basada en la aplicación. Un trabajador hoy en día para llevar a cabo un proceso tiene que trabajar con distintas aplicaciones y debe ir “saltando” de aplicación en aplicación. El puesto de trabajo del futuro no estará basado en aplicaciones sino en procesos y roles, el usuario no deberá abrir y cerrar aplicaciones sino que todas las capacidades e información que necesite para completar una determinada tarea estarán a su alcance a través de una única interfaz, común para todos los empleados pero distinta para cada uno de ellos dependiendo de sus necesidades concretas. Esta dualidad es sin duda uno de los grandes desafíos a los que se enfrentan los proveedores. Por supuesto este puesto de trabajo será completamente independiente del dispositivo y el lugar desde el que se acceda.Los espacios compartidos supondrán cada vez más metros de oficina y las salas de trabajo en grupo seguirán evolucionando hacia modelos de puntos de encuentro entre personas remotas. Los grupos de trabajo cada vez serán más heterogéneos, formados por personas que trabajan en departamentos y lugares distintos, por lo que estas zonas estarán dotadas de herramientas de comunicación de “muchos a muchos” como pueden ser la videoconferencia, las “pizarras virtuales” o sistemas de colaboración en tiempo real. Además estas salas estarán dotadas de mecanismos que permitan recuperar y almacenar los contenidos de estas reuniones sea cual sea su formato (voz, texto sobre cualquier soporte, etc.) de manera que pueda ser reutilizado.Los espacios comunes o públicos también van a ganar peso en el futuro porque casi todos los expertos coinciden en que son clave para la satisfacción del empleado y para construir la sensación de “empresa”. Además estas zonas suelen ser las más aptas para la comunicación no estructurada y/o informal, que es una de las riquezas de las oficinas tradicionales difícil de mantener en un entorno de trabajadores que desempeñan su labor desde sitios distintos y en momentos distintos.Jaime García Cantero, Research Manager de IDC España
ccPersonas inteligentes, empresas inteligentes ¿espacios inteligentes?’);//–>ftswfid300250_DoFSCommand(command, args);  La forma en la que trabajamos está cambiando de una manera radical y esto trae consigo una auténtica revolución en los entornos de trabajo, donde las tecnologías de la información y la comunicación y los espacios se convierten en herramientas inseparables. En la era conceptual (como denominan pensadores como Dan Pink o el mismísimo Tom Peters a los tiempos que se nos vienen encima) el éxito de las organizaciones no estará basado en la productividad sino en la creatividad. En un entorno tan competitivo como el que estamos la productividad es un requisito imprescindible de entrada en el juego y se presupone como el valor a los toreros pero desde luego no va ser el condicionante que haga ganar ese juego. La alta productividad será una condición necesaria pero no suficiente y la creatividad, la innovación y otras cualidades pertenecientes a “la mitad izquierda del cerebro” cobrarán cada vez más peso. Por supuesto esto requiere que las empresas sean mucho más capaces de aprovechar las capacidades de las personas y tanto los espacios como las tecnologías de la información van a ser piezas clave para maximizar este potencial humano.Oficinas más vacíasSe ha discutido muchísimo sobre cómo será la oficina del futuro y en lo que todo el mundo parece estar de acuerdo es en que estará más vacía. Habrá menos gente porque el porcentaje de trabajadores que realizarán su función desde fuera de la oficina seguirá creciendo (no sólo en forma de teletrabajodores desde casa sino en cualquiera de los formatos de ese difuso concepto de trabajador móvil capaz de convertir el trabajo en una actividad y no en un lugar); menos dispositivos porque la convergencia conduce a puestos de trabajo capaces de integrar las capacidades de comunicación y gestión de información así como a soluciones multifuncionales capaces de dar respuesta a múltiples necesidades, y por supuesto menos papel. El papel tradicionalmente ha sido y es una parte importantísima del “paisaje de la oficina” y aunque la oficina sin papeles es otra más de esas tecnologías con un largo futuro, la verdad es que en cualquier oficina las cantidades de papel acumuladas siguen siendo ingentes. Es sorprendente que con la presión existente hoy en los costes, la situación siga siendo ésta. Según estudios recientes ¡el 99% de las empresas españolas no saben cuánto gastan en documentos! incluyendo su creación, impresión, gestión y almacenamiento, aunque todos tenemos claro que ese gasto es más que significativo. Pero más allá del coste, el papel se puede convertir en un inhibidor de la optimización de procesos, al retrasar los flujos y complicar la compartición. En un entorno tan competitivo como en el que estamos esto es un problema.Espacios más abiertosPese al hecho cierto de que el conocimiento de las personas actualmente es el más alto de la historia, no es menos cierto que cada vez es más bajo el conocimiento relativo (parte del conocimiento global o el suficiente para la ejecución de una determinada tarea). Como decía Albert Einstein la diferencia entre la persona que más sabe del mundo y la que menos sabe es completamente insignificante comparada con lo que ninguna de las dos sabe. Este contexto hace imprescindible la colaboración definida como la capacidad de transmitir, gestionar y mantener el activo más valioso de cualquier organización: el conocimiento de las personas que la forman. La colaboración se materializa en nuevas necesidades de comunicación y trabajo en grupo que conduce a oficinas más abiertas que son más capaces de fomentar esta colaboración.El primer paso y quizás el más visible de esta tendencia es la oficina diáfana, sin apenas despachos. Pero es un error creer que una oficina diáfana es una oficina abierta. Una oficina abierta es mucho más que eso y de hecho las barreras para la comunicación van mucho más allá de las puramente arquitectónicas. Pensemos en esa oficina en la que trabajaba el personaje de Jack Lemmon en esa maravillosa película de Billy Wilder que es “El apartamento”, una enorme oficina diáfana en la que cada empleado se dedica a su tarea sin intercambiar una sola palabra. Era una oficina diáfana pero no abierta. Esto no significa que la tendencia a eliminar barreras arquitectónicas no contribuya a crear la sensación de oficinas abiertas, pero para conseguir este entorno colaborativo hacen falta muchas más cosas: nuevas maneras de comunicarse (integrando y gestionando los distintos canales), facilitar espacios de reunión físicos o virtuales, mecanismos de coordinación y flujo de trabajo…Oficinas más inteligentesAl hablar de oficinas inteligentes nos referimos a entornos en los que la tecnología es ubicua pero completamente transparente al usuario. El diccionario define la ubicuidad como la capacidad de estar en todas partes. La tecnología estará en el futuro en todas partes, la miniaturización y la disminución del coste de la capacidad de proceso conducirá a la presencia de tecnología en multitud de cosas, que además se conectarán entre ellas sin intervención alguna de los humanos… y ésta será la gran revolución.Un buen ejemplo de ubicuidad lo proporciona la tecnología RFID (Radio Frequency Identification), otra de esas tecnologías (y hay multitud) con un enorme futuro por delante. Llevamos muchos años hablando de ella y sin embargo aún no termina de despegar. RFID facilita que las tecnologías “sientan” el mundo real y esto permite enormes aplicaciones en lo que a optimización de procesos se refiere, no sólo en el ámbito de la distribución, la logística o la fabricación sino también en entornos de oficina al poder permitir una mayor integración entre la tecnología y el mundo físico.La inteligencia de las oficinas del futuro permitirá que entorno de trabajo se adecue a las necesidades de cada uno sin necesidad de realizar ningún complicado proceso y puede incluir funcionalidades como la adecuación de la luz y la temperatura o incluso el color del habitáculo (no es ciencia ficción, ya hemos visto entornos dotados de estas soluciones en proyectos piloto) dependiendo de las personas que van a trabajar y el momento del día.Pero sin duda el aspecto más crítico de estas oficinas inteligentes será gestión dinámica del espacio, es decir, la capacidad de asignar puestos de trabajo en tiempo real. En el futuro próximo tener puestos de trabajo desocupados será un lujo difícilmente justificable y se tenderá a gestionar los puestos de trabajo como un conjunto de recursos compartidos en los que dependiendo de las necesidades se asigna uno u otro puesto. Esto pasa desde luego por una nueva manera de entender el puesto de trabajo. El empleado ya no tendrá su mesa y muy probablemente ni siquiera su PC sino que será capaz de acceder a su puesto de trabajo virtual desde cualquier sitio, incluidos los espacios de trabajo en grupo, cualquier posición del pool de recursos compartidos o incluso su casa.Los espacios en la oficina del futuroLas oficinas del mañana tendrán como las de hoy tres tipos de espacios: personales, compartidos y comunes. Lo que cambiará será la distribución de la superficie entre ellos, de manera que los dos últimos tendrán cada vez más peso en detrimento del primero.Los espacios personales girarán en torno al puesto de trabajo y su objetivo es maximizar la autonomía y la productividad. La evolución del puesto de trabajo es una de las claves del modelo de organización. Hoy en día la forma de trabajar es la que se adapta a la tecnología del puesto de trabajo. En la mayor parte de las ocasiones, estamos aún ante una manera de trabajar basada en la aplicación. Un trabajador hoy en día para llevar a cabo un proceso tiene que trabajar con distintas aplicaciones y debe ir “saltando” de aplicación en aplicación. El puesto de trabajo del futuro no estará basado en aplicaciones sino en procesos y roles, el usuario no deberá abrir y cerrar aplicaciones sino que todas las capacidades e información que necesite para completar una determinada tarea estarán a su alcance a través de una única interfaz, común para todos los empleados pero distinta para cada uno de ellos dependiendo de sus necesidades concretas. Esta dualidad es sin duda uno de los grandes desafíos a los que se enfrentan los proveedores. Por supuesto este puesto de trabajo será completamente independiente del dispositivo y el lugar desde el que se acceda.Los espacios compartidos supondrán cada vez más metros de oficina y las salas de trabajo en grupo seguirán evolucionando hacia modelos de puntos de encuentro entre personas remotas. Los grupos de trabajo cada vez serán más heterogéneos, formados por personas que trabajan en departamentos y lugares distintos, por lo que estas zonas estarán dotadas de herramientas de comunicación de “muchos a muchos” como pueden ser la videoconferencia, las “pizarras virtuales” o sistemas de colaboración en tiempo real. Además estas salas estarán dotadas de mecanismos que permitan recuperar y almacenar los contenidos de estas reuniones sea cual sea su formato (voz, texto sobre cualquier soporte, etc.) de manera que pueda ser reutilizado.Los espacios comunes o públicos también van a ganar peso en el futuro porque casi todos los expertos coinciden en que son clave para la satisfacción del empleado y para construir la sensación de “empresa”. Además estas zonas suelen ser las más aptas para la comunicación no estructurada y/o informal, que es una de las riquezas de las oficinas tradicionales difícil de mantener en un entorno de trabajadores que desempeñan su labor desde sitios distintos y en momentos distintos.Jaime García Cantero, Research Manager de IDC España

September 21, 2008 Posted by edmoli879 | Filosfia Corporativa, Internet, temas de consulta | , , , , , , , , , , , , , , , , , , | No Comments Yet